Luis Del Carpio-Orantes, Departamento de Medicina Interna y Virología, Grupo de Estudio para el Diagnóstico y Tratamiento de COVID-19 en Veracruz, México


Antecedentes: Actualmente existe evidencia de que la COVID-19 persistente presenta desajustes en la inmunidad que favorecen la autoinmunidad, asociados a inflamación crónica y a desbalances en las células T, por lo que se podría considerar como una enfermedad inflamatoria inmunomediada. Método: Se incluyen pacientes adultos con criterio clínico de COVID-19 persistente y con una puntuación PASC > 12 puntos, a quienes se les realiza determinación de marcadores de inflamación, así como perfil de linfocitos T, medición de calprotectina fecal y panel de autoinmunidad. Resultados: Se estudiaron 10 pacientes, cuyos principales síntomas reportados fueron fatiga (100%), braing fog o encefalopatía subclínica (80%), cefalea (70%) y palpitaciones (50%). El promedio del PASC fue de 18 puntos. El perfil inflamatorio demostró elevación de la proteína C reactiva, la interleucina 6 y el dímero D. El perfil de linfocitos demostró una ratio CD4/CD8 < 1; destaca inversamente que las células NK se encontraron elevadas en la mayoría de los casos, y de igual forma la calprotectina fecal se encontró elevada. En cuanto al panel autoinmunitario, destaca que el 50% presentaron elevación de anticuerpos antinucleares. Conclusiones: En esta serie de casos parece haber una estrecha relación entre inflamación crónica, disfunción linfocitaria y autoinmunidad, que favorece la aparición de síntomas de COVID-19 persistente, por lo que esta debe considerarse una enfermedad inflamatoria inmunomediada.



Keywords: COVID-19 persistente. Inflamación. Desregulación inmunitaria.